06-09-2008, 7:08 AM
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¿Y todavía hay quien dude?
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Por: Iván Olaizola D’Alessandro
El dedo en la llaga, no vale el dedo en el PUS.
Ya en mayo del año 2000 me atrevía a señalar en un paraninfo titulado “La Vaselina y el Proyecto de los Comandantes”, que lo jurado por aquellos 5 jóvenes militares bajo la sombra del samán de Güere a comienzos de la década del 80 se comenzaba a desarrollar tal cual había sido previsto y que su implementación se venía haciendo de una forma tal que una inmensa parte de la población venezolana, incluidos muchos políticos y analistas, pensaban que solo eran propuestas incoherentes, bravuconadas del comandante mayor, mas de lo mismo, etc. Muy pocos pensaban que íbamos rumbo a algo desconocido para nuestro país. La mayoría estaba seguro que al cabo de cinco años, la duración del período presidencial según la constitución del 61, saldríamos del militar felón y vendría la alternancia política a la cual estábamos acostumbrados. Referéndum Constituyente, elección de Asamblea Nacional Constituyente, Referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, megaelección. Eliminación del Congreso, de la Corte Suprema de Justicia, de las Asambleas Legislativas, minimización (desaparición?) de los partidos políticos y designación dedocrática del Tribunal Supremo, el Contralor, el Fiscal, el Consejo Nacional Electoral y el Congresillo. Fueron decisiones tomadas bajo los efectos de ese producto graso. Con el ungüento logró que el nuevo TSJ le diera dos años de ñapa, con lo cual su primer período de gobierno se alargaba a 8. Pero la mayoría continuaba siendo incrédula de lo que estaba por venir. Vaselina de la buena lubricaba el proceso. Hasta el nombre de la república se cambió así de suavecito.
Vinieron años difíciles para el régimen del teniente coronel y para el país. Seguro que lo sacamos. Se va, se va, se va. Chávez ya cayó. Con aceitosas estrategias y estratagemas lograba sortear las dificultades e imponer cambios radicales en los conceptos fundamentales de lo que universalmente se conoce como Estado de Derecho. Introducido el novedoso concepto de la “supraconstitucionalidad”, que le sirvió para hacer con el país y sus instituciones lo que le viniera en ganas. Trastocó la estabilidad social en función de los planteamientos del proyecto e introdujo la división de las clases sociales: ricos-vs-pobres; patriotas-vs-realistas; revolucionarios-vs-traidores; bolivarianos-vs-puntofijistas. Comenzó a cambiar la historia y escribir según sus necesidades e intereses. Pero la oposición, cada vez más nutrida, pensaba que era cosa de tiempo para resolver esa situación. Mas de lo mismo, gobierno malo, corrupto, incapaz. Se modificó el protocolo, el lenguaje, las relaciones con la oposición, las relaciones internacionales, el trato con la Iglesia, con los gremios y sindicatos, con los empresarios y los medios. Se cercenó la autonomía universitaria. Se eliminó la descentralización. Se incorporó a la Fuerza Armada al trabajo ordinario de la administración pública y por consiguiente al debate político. Las gobernaciones se convirtieron en guarniciones. La seguridad jurídica, ya precaria, desapareció totalmente. Los ladrones y criminales salieron en libertad y los ciudadanos decentes se encerraron en sus casas. La clase media se mudó de estrato, los pobres pasaron a marginales y los marginales pasaron a formar gobierno. Pero tranquilo que esto no es Cuba. Fuera petroleros. Lista Tascón. Lista Maisanta.
El proyecto se convirtió en “revolución pacífica”. La revolución comenzó a ser exportada. Fidel y Chávez. Dos presidentes, dos países. La chequera comenzó su peregrinar por América Latina y más allá. Que va esto no es comunismo. Nació lo del Socialismo del Siglo XXI. Bolívar, Rodriguez, Zamora, el Che, Fidel, Mao. Otra elección, otro triunfo, otro fraude. A profundizar la revolución. La reserva como fuerza guerrillera urbana y rural, al servicio del feje de la revolución. Dólares para comprar conciencias adentro y afuera. Pleitos con todo el que no comulgue con su ideario. Leyes habilitantes. Fuera RCTV. Presos políticos e inhabilitados. La Policía Nacional subversiva. Y así la vaselina haciendo su trabajo. Dictador, no que va. Totalitario, a lo mejor. Comunista nunca. El PUS único. Y se salvaron los laptops de Reyes y se enredó el papagayo. Y llegó la ley de la inteligencia y contra inteligencia y se nos arrugaron las termópilas. Que el sapo salta y se ensarta.
Y así se nos han pasado 10 años. Esperando sin fumar, por lo caro y dañino. Y no pasa nada. Confiando en la divina providencia, en un milagro, en Adriana Azzi o en Mercado. Que se muera Fidel tal como lo hizo Tiro Fijo. Pendejos que somos. Con o sin vaselina, la revolución pacífica avanza más rápido de lo que pensamos, sin necesidad de un tiro. Al final diremos: “si nos hubiéranos dao cuenta no nos hubieran encanao”.
Iolaizola@cantv.net
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