En mi época taurina, por allá por los tiempo de Arenas de Valencia, cuando trompetas y timbales anunciaban la lidia del quinto toro de la tarde, las autoridades de la plaza daban entrada libre a aquellos aficionados que no habían podido entrar a la plaza, lo que en ese argot se llamaba “dar puerta franca”. Algo así es lo que pretende hacer el actual gobierno con el ingreso a la Educación Superior del país al eliminar la Prueba de Aptitud Académica y la eliminación de las pruebas internas de las universidades. La primera decisión ha debido ser tomada por el CNU ya que ese organismo fue el que aprobó la aplicación de dicha prueba, a principios de la década de los 80, como requisito indispensable para el ingreso al subsistema, en base a lo dispuesto en el numeral 6 del artículo 20 en concordancia con el numeral 9 del artículo 26 de la Ley de Universidades, y en consecuencia ese mismo organismo debe derogar la mediada y hasta donde se tiene entendido ello no ha ocurrido, fue solo una orden dada por el teniente coronel en su reality show dominical. En cuanto a la segunda decisión es una violación flagrante de la autonomía universitaria, precepto ahora constitucional (artículo 109), contraviniendo el numeral 9 del artículo 26 de la mencionada ley que le confiere claramente esa atribución a los Consejos Universitarios. Claro que esta acotación es probable que no tenga sentido alguno si se tiene en cuenta que este régimen poco le para a eso de constitución y leyes si es para bien de la “revolución”. Ahora bien, aun cuando para los adeptos al proceso revolucionario el país, o será el mundo, comenzó a existir a partir de 1999, es bueno señalar en este paraninfo por si acaso hay algún funcionario de jerarquía del MPPMES o de la OPSU que se le permita leer algo más que los postulados bolivarianos del comandante en jefe, señalarles que con esas medidas se está regresando a la situación que existía en los sesenta y comienzo de los setenta.
Como consecuencia del derrocamiento de la dictadura militar, en 1958, los gobiernos democráticos que rigieron el país a partir de allí, se preocuparon fundamentalmente por desarrollar el sistema educativo. En ese sentido se llenó de escuelas y liceos toda la geografía nacional y se incentivó la incorporación de grandes masas poblacionales a la educación primaria y media. Esto trajo como lógica consecuencia que creciera en forma exponencial el número de aspirantes a ingresar al nivel de educación superior, en especial a las universidades, creándose lo que en su oportunidad llamamos “universiducto”, situación que hizo congestionar ese nivel a comienzos de la década de los 70. Las primeras medidas para tratar de solventar la situación fue la creación de nuevas instituciones de educación superior. Ya en el primer período de gobierno democrático (1958-63) se crean 3 universidades, 1 pedagógico y 1 politécnico. Entre 1964 y 74 se crean 3 nuevas universidades, 2 pedagógicos, 3 politécnicos, 22 institutos universitarios y 3 colegios universitarios. Se pensaba que la respuesta a la alta demanda era la creación de más instituciones de educación superior. Sin embargo eso no resolvía la situación de la falta de cupos. De 1958 a 1973 la matrícula creció de 16.000 estudiantes a 160.000 y había para ese último año cerca de 55.000 estudiantes finalizando el bachillerato, es decir potenciales demandantes de cupos en el subsistema. Las tomas de universidades y el secuestro de autoridades universitarias eran frecuentes. Ello obligó al CNU a encarar el problema en su real dimensión. Así nació, en 1973, con el apoyo de todas las universidades del país, lo que se denominó la Preinscripción Nacional que centralizaba la inscripción para el ingreso a la educación superior. Se hizo un esfuerzo inmenso, se realizaron estudios muy serios y se consultó a todos los sectores involucrados en el problema, incluidos los partidos políticos. Se puso orden en el ingreso, se acabaron las tomas y secuestros y desaparecieron los “comités de sin cupo”.
Este proceso de Preinscripción Nacional permitió centralizar la demanda y oferta de plazas en la educación superior: Se creó la Oficina Nacional de Orientación, Distribución e Ingreso y con el devenir del tiempo y dado los resultados positivos del mismo se convirtió en un Sistema Nacional de Orientación, Selección y Distribución para el ingreso a la educación superior venezolana, incluyendo la prueba de Aptitud Académica. Con la intención de mejorar la calidad de las cohortes de ingreso, dado los problemas de calidad de la educación media, muchas instituciones solicitaron autorización para la aplicación de sus propias pruebas internas, adicionalmente a las practicadas por la OPSU. Definitivamente se venía consolidando un proceso serio, científicamente estructurado, incluyente, que daba oportunidades para todos y perseguía mejorar la calidad del subsistema y de sus egresados.
Con la propuesta gubernamental de eliminar la Prueba de Aptitud Académica y las pruebas internas se está echando por la borda la experiencia obtenida en estos 35 40 años del proceso centralizado de ingreso a la educación superior sin que haya mediado un proceso de evaluación del mimo y de una consulta amplia con lo sectores sujetos y objetos del proceso. Se reemplaza por un Registro Único que al momento nadie conoce y mas bien se teme que sea una especie de lista Tascón, Maisanta o Rufián. Ya veremos nuevamente las situaciones de conflicto en las universidades y la desmejora de la calidad de las mismas. Cosas de una revolución trasnochada.
Iolaizola@cantv.net
*Exdirector de la OPSU